EL 93% DE LOS NIÑOS DEL MUNDO RESPIRAN AIRE TÓXICO

No lo decimos nosotros, lo dice la OMS.

Y las cifras del informe de la OMS, publicado recientemente (octubre del 2018) ponen los pelos de punta:

–1,8 miles de millones de niños en el mundo están expuestos al aire tóxico.

–En el último año computado, el 2016, se produjeron 600.000 muertes de niños causadas directa o indirectamente por la contaminación.

–La contaminación del aire es responsable directa de la aparición de problemas respiratorios (asma, alergias, rinitis, afecciones bronquiales) de uno de cada diez niños menores de cinco años.

–La contaminación afecta también especialmente a las mujeres embarazadas, dando lugar a partos prematuros, nacimientos de bebés con peso insuficiente y a problemas respiratorios y de asma en los bebés.

–La contaminación del aire afecta el desarrollo neurológico, afectando a la cognitivas y al desarrollo mental y motor.

–La polución del aire está dañando la función pulmonar de los niños, incluso la de los que están en niveles más bajos de exposición.

Ante estas cifras demoledoras, tal vez podríamos caer en la tentación de pensar que estos son problemas limitados a los países subdesarrollados, donde a menudo no se controlan los residuos y vertidos tóxicos y en los hogares se cocina, se ilumina y se calienta con tecnologías y combustibles altamente contaminantes. Un dato cierto, pero que no quita que el problema sea global: el informe también señala que más de la mitad de los niños de menos de 5 años que viven en países desarrollados está igualmente expuestos al problema al respirar un aire cuya calidad está por debajo de las recomendaciones de la OMS.

Cierto que la contaminación también afecta a los mayores, pero diversas razones, tales como la corta estatura de los niños (suele haber más contaminación a nivel del suelo), el hecho de que respiran a un ritmo más rápido que los adultos y el de que sus organismos están en formación, los hace más vulnerables a sus efectos.

¿Qué podemos hacer, ante esta situación?

En primer lugar, contribuir y apoyar las campañas locales y globales contra la contaminación. Posiblemente, esto sólo ofrezca resultados pequeños y lentos, pero cualquier avance puede salvar o mejorar las vidas de miles de niños y adultos. El «think global, act local» es otro camino, y en este aspecto podemos, por ejemplo, ejercer presión sobre los responsables de las escuelas a las que asisten nuestros hijos y donde se pasan tantas horas al día, en el caso de que no hayan tomado medidas al respecto, concretamente la instalación de sistemas de purificación del aire que abarquen las aulas y demás instalaciones. Esto es algo realmente importante pues, pese a lo que pueda parecer, la contaminación en interiores es mucho peor que la que se produce al aire libre, debido a que cuando los gérmenes y partículas tóxicas o alérgenos penetran en un recinto cerrado, se quedan «atrapadas» y se concentran en grandes densidades.

Pero donde realmente actuar en defensa de nuestros hijos sólo depende de nosotros mismos, es en nuestras casas, el lugar donde los niños pasan más de la mitad de su tiempo. En este punto, la tecnología nos tiende la mano: los sistemas de purificación del aire, que actúan devolviéndole al aire su calidad de aire y quitándole la de vehículo de propagación de partículas nocivas, han avanzado lo suficiente como para que instalar uno en casa nos resulte fácil y asequible (asequible en términos generales, extremadamente asequible en términos de relación coste/beneficios). Una de las posibles soluciones en esta línea nos la ofrece la empresa española Biosintel, con sus unidades purificadoras de aire interior BiokkerHome.